martes, junio 07, 2011

Sobre tepoztlán, la muralla y otras incidencias de una cuchara en camino (Beijing III)

No cabe duda que las cosas que más te sorprendes son aquellas que menos esperas. En el tercer día  de mi visita la capital de los ni hao, el itinerario planteaba la visita de las tumbas de la dinastía Ming y la famosa muralla.

Así que, después de una azarosa salida a la periferia de la ciudad ( que nos tomo más de una hora debido a los embotellamientos propios de un fin de semana feriado) llegamos a las inmediaciones de las tumbas de los trece emperadores.  Si bien, esta visita había ya sido precedida por el despampanante recorrido al Palacio de Verano y la Ciudad Prohibida, la visita a estas tumbas  me deparaba algunas pequeñas sorpresas a los ojos de esta viajera neófita.

Atravesamos una  enorme arco que en su interior contenía el epitafio de uno de estos emperadores ( supongo, que  de el más famoso o el más longevo, o de plano, el más chingón)--- ya les contaré de mis oficios con el inglés-chino de mi guía de turistas--. Este membrete, enorme a la vista, está asentado en una tortuga enorme y de aspecto intimidante ( la boca y los ojos son feroces) ,que los visitantes tocan como augurio de buena suerte.  La "bixi" y su epitafio son la entrada al  camino de los espíritus, una arbolada que esta adornada por todas las figuras humanas y  la fauna de la corte imperial: ministros, eunucos, elefantes, camellos, caballos, dragones y demás figuras mágicas. En total, son 7 kilómetros que terminan en un arco , esta vez, un arco de mala suerte, que conduce a la primera y más visitada tumba. ( ** el arco es de mala suerte porque simboliza el último umbral antes de la muerte. Si pasas por ahí, debes de gritar: "voy a entrar pero regreso", sino los espíritus te llevan consigo). --Yo por las dudas le caminé por un ladito--.

La tumba en sí,  además de encontrarse en una montaña y tener forma nuevamente de un arco -pagoda ( abierto a las 4 direcciones) y un enorme epitafio en su interior, no tiene mucho de espectacular. Al parecer, la construcción de estas tumbas se produjo bajo la influencia taoísta y por tanto, carecen de adornos, colores llamativos y  demás enceres que todos han visto alguna vez en esas repetidas estampas de la arquitectura china.

Regresamos por un pequeño camino arbolado que anunciaba temporada de cerezas de campo a buen precio ( sin embargo, mi guía volvió a prevenirme: son demasiado caras para un chino normal). Para el lunch, paramos en una tienda de  esas atrapa-turistas-ingenuos, donde además de enseñarte el proceso de la fabricación de piezas de jade, te clavan el puñal del comerciante chino con precios exorbitantes, ( Le calculo, 10 veces  más de lo que un chino pagaría). Hordas de camiones, camionetas van y carritos se estacionan ahí para llevar a sus visitantes a "almorzar" mientras les tratan de encajar un anillo, una pulsera o un collar que oscila entre los 3,000 y los 10,000 mexican  pesitos.  Es un buen modelo de negocio, si fuera yo funcionaria de turismo y estuviera tratando de encontrar el hilo negro del apalancamiento de negocios en mi región…..pero como ni lo soy…¡neh!

Nuestro camino al siguiente destino después del almuerzo, de nuevo fue presa de los vacacionistas de puente que buscaban a todas prisas, enfilar a la montaña y alejarse de Beijing. Además, no topamos con una manada de 10 ó 20 camiones torton de triple rodada que subían como tortugas la empinada pendiente  que lleva a Badaling: la entrada más famosa al muralla China.

Badalin es, más o menos casi, casi, la mezcla perfecta entre la puerta uno de San Juan Teotihuacán y la empinada pendiente a la que subes al Tepozteco. Si ud, querido lector de este imperio, ha visitado cualquiera de estas  dos preciadas insignias del turismo nacional, entenderá mi sorpresa y abatimiento. Ambas, son, bajo cualquier intento de organización , un desmadre.

Nuevamente, manadas de turistas, familias chinas y demás perdidos visitantes hacen colas eternas para poder descender de sus vehículos, estacionarlos, comprar el ticket de admisión, y pasar la entrada. Una vez adentro, hay que sortear cuesta arriba una serie de puestitos que venden la fritura local ( higados  y vísceras de puerco, sopas tipo  ramen y mazorcas de maíz) además de bebidas  frías, paletas y el nunca "despreciado" recuerdito.  En cuanto más empinada se vuelve la subida, mayor es el ataque voraz del vendedor ambulante que quiere ofrecerte algo y lo vocifera sin el menor esfuerzo.  Y sin embargo, a los pies de la muralla un último retén, te permite dejar los vendedores atrás y pasar la ultima serie de escaleras que llevan  a lo alto de la muralla. 

Como se imaginarán, yo iba sacando fuerza de esos músculos invisibles que  sólo se hacen notorios  cuando subes pendientes inclinadas, aguantando el calor de las 4 de la tarde y caminando a buen ritmo, cuando de pronto y si más, mi guía me dijo: "Aquí te espero". " ¿Nos vemos en 2 horas?" " No olvides caminar siempre en la misma dirección".   Al parecer, la vista a la muralla le causa menos algarabía que una visita al supermercado, así que prefirió dejarme por mi cuenta ( y la del Toto) conocer  la famosa construcción.

¿Cómo se puede describir un monumento que todos alguna vez hemos visto gracias al emblema "maravilla del mundo"? Es enorme, espectacular… y empinado. Lo que nadie te dice de la muralla es que 1. Fue construida para tratar de defender las poblaciones vecinas  a Biejing de los ataques mongoles, pero que en realidad, nunca funcionó. 2. Para lo que si sirvió fue de puesto de vigilancia y camino para el transporte de mercancia, entre ellas, la famosa seda china.  Así que aquí tienen a su cucharita, gorra firmemente asentada en la tatema, short por aquello de los calores, cámara en mano y Toto en el bolso, lista para recorrer, por lo menos un kilómetro de muralla. Je…. Aja…. La muralla tiene la pendiente de una montaña rusa: sube, baja, se inclina y en algunos espacios alcanza más de 90 grados de verticalidad. ¡ja! Todo un desafio para esta Miguelita y la manada de Chinitos en familia que pasean con niños en brazos, abuelitos con bastón, tías gordas, primas en chanclas y primos con zapatos.

  Al igual que un domingo en Teotihuacán ó un equinoccio de primavera en Tepoztlan, la muralla en su primera etapa  esta llena de turistas y familias que corren, se empujan y caminan  a lo largo de la entrada.   "Domingo en la muralla"- que le dicen- . Pero más adelante, pasando el primer puesto de vigilancia y cuando  comienza peligrosamente a volverse un reto al hicking, la muralla se vuelve más silenciosa y manifiesta su grandeza. No deja de haber gente gritando, agarrándose del barandal para no resbalar, lo que eventualmente siempre sucede, pero la muralla se camina bien y permite disfrutar la naturaleza , los pájaros y los grillos que la rodean.

Algunas anécdotas curiosas: Una pareja de novios , de los muchos que pasean por la muralla y dejan grabados sus nombres en las paredes, dieron un espectáculo de lo más peculiar.  En una de las escaleras que monta a un puesto de vigilancia, y que son particularmente empinadas, el novio decidió  montar a la novia en su espalda y subir la pendiente con ella a cuestas. Yo les miraba desde el extremo opuesto ( el inicio de la siguiente escalera) sentada  junto con otra familia de chinitos que también habían parado.  La primera parte la subió relativamente fácil, pero a la mitad del camino, el muchacho comenzó a flaquear y a parar entre cada escalón. Los Chinitos le gritaban algo que yo inferí como "falta poco" o "ya mero" y empezaron a corearlo a voces. El muchacho, consciente de que ya era figura pública, terminó el recorrido con la novia a cuestas y con una ovación de los que le mirabamos  desde abajo.

El paseo sobre la muralla me trajo a la mente la palabras de François Hartog,  que en  algún momento se refiere a la "historia monumento" ( la historia que se recrea a partir de las edificaciones re-construidas siglos después). El cuestionamiento de Hartog es le siguiente: ¿pueden estas edificaciones, recrear los momentos históricos  a partir de monumentos reconstruidos en siglos posteriores ? En realidad, poco, sino es que nada. Aquel que lo reconstruyó lo hizo bajo su propio plan, que puede ser infinitamente distinto (-o no- al plan original. Ese pedazo de muralla de Badaling, poco tenía que ver con esa fortaleza-puente que  tampoco sirvió para la defensa de los habitantes de la China del  200 A.C…. Pero ahora se vende bien para un "domingo en la muralla".

Saludos desde un Beijing pasado por agua y húmedo como t-shirt de colegiala en vacaciones...

La cucharita en el oriente

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