Mi experiencia con el difícil arte del regateo aún estaba por pasar una de sus aventuras más estrambóticas. Regresando a la comodidad de la fascinante y occidentalizada Shanghái, mi anfitriona y su amiga nicaragüense habían ya planificado un tour por el Pearl Market de Shanghái. Allá fuimos a dar un martes, con la consigna explícita, por parte de mi amiga, de: 1.No preguntar precios.2. no mostrar demasiado interés por las cosas 3. Escoger todo lo que te gusta y después, negociar el precio en el conjunto. 4. En general, bajarte de un 50 a 80% del precio que ellos te den inicialmente.
El Pearl Market de Shanghái, es parecidísimo al de Beijing, por lo que esta vez no me fui de boca al ver la cantidad absurda de locales, mercancía y comerciantes: mi amiga y anfitriona es una asidua visitante de estos lares y había acudido recientemente con su hermana (que también estuvo de visita en esta ciudad de orientales). Se había llevado un promedio de veinte artículos, entre carteras, bolsas de mano, y maletas de equipaje. (Una pequeña glotonería al consumismo irrefrenado de una mexicana que ve todo como ganga). Así que nos dirigimos directamente a un local en específico. Mi amiga me advirtió, "Aquí las bolsas no son precisamente baratas pero las imitaciones son de muy buena calidad" ( en pocas palabras, son fake pero casi no se les nota). Nuestra estrategia de compradoras tenía que ver con el número, entre las tres podíamos unir mercancía y esfuerzos para lograr un mejor precio por volumen… ¡oh!, ¡cuán equivocadas estábamos!.
La mujer del puesto de bolsas al que nos dirigimos, recibió a mi par de amigas con una cordialidad propia de quien ve venir una buena compra. Mi amiga y su amiga entraron como grandes catadoras de bolsas, mirando marcas, pieles , cortes, costuras y modelos. Esta cucharita las seguía de cerca preguntándose si había entrado al paraíso de las viejas sin haber muerto. De inmediato, caí enamorada del al menos tres ejemplares que se encontraban al alcance de mi mano( pero siguiendo las instrucciones, no me atreví a hacer mayor aspaviento). De inmediato fuimos conducidas a la ante tienda, de donde se abrió una puerta oculta, y luego una segunda puerta, y luego un tercer cajón. Conforme los cajones se iban abriendo, más y más marcas de esas grande pedorraje, copiadas estrictamente conforme a diseño, se iban incorporando a mis ojos y a el de mis amigas.
Sin embargo, y no conforme con esa portentosa exhibición, mi amiga pidió ver "la otra mercancía". La chinita, de inmediato, tomó unas llaves y nos pidió que la encontráramos en el descanso del primer pasillo. La amiga nicaragüense le dijo a mi anfitriona que a ella le daba gusto ir con nosotras porque ella sola no se atrevía. Yo seguía con mi cara pertinente ( léase, cara de no-sé de-qué-están-hablando-pero-les-sigo-la-corriente) mientras bajábamos escaleras. La chinita se reunió con nosotras y empezó a caminar por pasillos designados sólo para personal interno del mercadillo. Tomamos un elevador de carga, luego un elevador normal y subimos ( o bajamos?) al rellano de un piso de lo que parecía otro edificio - Este era luminoso, bien decorado, nada que ver con el mercadillo de fayuca-. La chinita movió un banner y detrás de un espejo apareció una puerta. Nos pidió que entráramos en silencio y nos encontramos en lo que parecía la cocina de una empresa. Ahí mismo, abrió una gaveta grande, pegada al piso, que se convirtió nuevamente en una puerta que conducía, escaleras abajo, a un mini sótano.
¡oh Santo de los Dioses de las bolsas clonadas! Si en verdad existe un Dios así, ahí era su morada. Anaqueles enteros de bolsas, con todos los tamaños , modelos y texturas que existen en le mundo del jet set fashionista estaban ahí," laying upon my eyes". La amiga nicaragüense de inmediato se instaló en el anaquel de las bolsas de mano, mientras yo empezaba a hacer una lista mental que iba como" una para mi mamá, y una para mi. Una para mi prima, y una para mi; una para vender, y una para mí". En total, mi amiga había tomado dos bolsas, yo tres y la nicaragüense cinco. Había que empezar a regatear.
La chinita vendedora tomó su calculadora y empezó a sumar números Al oír la cifra mágica mi amiga, residente en Shanghái por más de siete años y que ya se la sabe de todas todas, la increpó diciéndole que eso era mucho más de lo que había pedido por las mismas bolsas el mes pasado cuando había venido con su hermana . A la chinita le valió mothers la negociación anterior y se montó en su macho; mi amiga, hizo lo propio. La nicaragüense y yo escuchábamos la conversación con ojos bajos y esperando, como siempre sucedía, que la chinita eventualmente bajara la cifra y empezara a negociar a la baja. ( siempre hacen eso, lo ví después). Mi amiga le pedía un precio razonable, y le atacaba con el argumento de "mira cuántas bolsas vamos a llevarnos! Tienes que darnos un buen precio" A lo que la chinita respondía. "es que ya te estoy dando un buen precio, mira las marcas que te estas llevando" (como si nos estuviéramos llevando las originales, y no un clon. je!)
Increíblemente para mi, la negociación quedó en un impasse. La Chinita decidió NO vendernos, y subimos para iniciar el trayecto de regreso. Yo me preguntaba aún "¿ese lugar es real o de verdad habíamos entrado sólo en el subconsciente fashionita de alguna revista de modas?" Mi amiga esta furiosa, la nicaraguense, altamente frustrada. Regresamos al mercado de fayucas y caminamos entre los pasillos. Era cierto que las bolsas del subsuelo tenían la mejor calidad, se veían impecables, nada como lo que ahora se exhibía ante nuestros ojos. Yo terminé haciéndole su agosto a mi sobrino y comprando una bolsa de mano cualquiera. La nicaragüense desapareció de nuestra vista y sólo volvió 40 minutos después, completamente arrobada y diciendo:"Lo conseguí". ¿qué conseguiste?-dijimos al unísono mi amiga y yo: "las bolsas". Ya en el taxi nos contó a detalle. "Tuve que rogarle". Yo le seguía la corriente y le decía, "¿Cómo?,¿ negociaste el precio que nos dio allá abajo?" "No, no lo negocié. Le rogué. Literalemnte, paseé más de 30 minutos rogándole. Al final cedió. Pero me dijo que no me había vendido porque venía con ustedes, así que por eso regresé sola".
Damn-it. Es a chinita había leído a Sun-tsu y "El arte de l aguerra". Divide y vencerás.
Así las cosas en este pedazo del lejano oriente.
Un abrazo pasado por agua desde esta ciudad que parece de mentiritas.
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