Mañana 14 de Septiembre, a las diez de la mañana, saldré con mis monstruitos impetuosos al patio de la escuela. Tomaremos lugar en el espacio asignado. Esperaremos 10 minutos a que los otros grupos terminen de formarse, de callarse, de arreglar el sonido del micrófono, de sacar la bandera de su recinto de cristal. Esperaremos solemnes a que el director entregue la bandera a la escolta, la chica asignada la tome con las dos manos, de media vuelta al estilo soldado raso, se incorpore en su formación y la maestra presentadora de por iniciados los honores a la bandera. Habrán transcurrido 10 minutos. En el sol de la diez de la mañana. Parados. La escolta dará su reconocimiento al patio en apenas 4 o 5 movimientos, mientras nosotros saludamos solemnes el paso del lábaro patrio. Se detendrá en el medio y nuevamente la maestra presentadora anunciará el himno nacional. Algunos bajarán el brazo que saluda, otros despistados se quedarán con el brazo en alto. Todos cantarán a media voz , casi como un susurro las dos primeras estrofas del himno ( probablemente, en honor a la ocasión , lo escucharemos completo.) Habrán transcurrido 5 minutos más. Solemnes. De monstruitos con la cabeza caliente, inquietos, moviendo las piernas, cuchicheando. Buscando una sombra cercana con los ojos saltarines. La Bandera se despedirá con el mismo paso solemne, regresará a su cajita de cristal. Y vendrá entonces lo insufrible. Las palabras, y las representaciones; el discurso miope, embustero y dicotómico sobre la mal llamada “independencia”.
Y habrán pasado mientras otros 10 largos minutos. En el sol de las 10:20 de la mañana. Un sol, duro, quemante, impávido. Un sol que a 2,200 metros de altitud sobre el nivel del mar golpea a plomo la cabeza de niños, niñas y maestras .Entonces yo tendré mostritos que me miran y preguntan ¿podemos ir a la sombra? La sombra que tan ansiada, se encontrará apenas a 2 metros de distancia. Otros más buscarán asiento en las jardineras. Otros más indiferentes, seguirán en los eternos cuchicheos de aquel que tan poco ha vivido que tiene que repetírselo al otro para que parezca algo soslayable. Los cuchicheos se harán risas, la risas, movimiento; el movimiento, empujones.; los empujones, grititos; los grititos, más risas. Y a las 10:30 controlar a treinta gremlins, que ríen, gritan, se empujan y se mueven será imposible.
Y mientras seguiremos en el discurso histórico de la gesta nacional.
Mañana conmemoraremos una fecha tan obtusa como necesaria en el calendario cívico nacional. Como seres sociales, los mexicanos hemos creado alrededor de nuestros rituales cívicos una pulcritud y una constancia intachable. No habrá escuela, chica, mediana o grande; de gobierno,ó privada ; dependiente ó incorporada, que mañana no realice somehow este ritual cívico. Hombres de rituales. Recordándoles al subconsciente a quién pertenece tu lealtad, a quién le pertenece tu yo colectivo. Recordándonos con cada paso de bandera, con cada estrofa del himno, con cada palabra al aire mientras te encuentra formado al sol, al puro estilo militar, que eres parte de un conglomerado que llamamos México.
Quién me diga que el Estado ha fallado en inculcarnos rituales cívicos, que venga a vernos mañana. Por eso nadie dudaba ante la pregunta lanzada al aire a auditorio de W radio que esta tarde, declaraba. “si fuera necesario, ¿estaría usted dispuesto a dar su vida por México?” Ni uno de los radio escuchas respondió negativamente. Por la patria : hasta la muerte.
18 años de educación oficial con rituales de lunes a las ocho de la mañana y los mexicanos estamos, consciente e inconscientemente, dispuestos a morir por el lábaro patrio. (Muy al estilo de las juventudes hitlerianas- me dijo un día un sorprendido estudiante de intercambio alemán, al ver nuestras formaciones, nuestra solemnidad y nuestros ritos cívicos. No pude decirle que se encontraba equivocado).
La cosa es que este ritual, tan bien estructurado en su forma , llevado a pie y juntilla cada año en todas las escuelas del país carece de fondo. Hemos fallado en dotarle de un verdadero sentido a tanto tamborazo, tanto rigor, tanto silencio, tanto cántico romántico de amor a la patria.
Como colectividad, hemos fallado en dotar de SENTIDO al este ritual cívico.
Amamos la bandera, respetamos el himno y soportamos solemnes los rituales que los dignifican. Pero después de esto, nada. Ni un vínculo que lleve a ese mexicanito en formación a pensar que además de rendir honores, debe trasladar tanto amor por México, ese amor de dientes para afuera, en trabajo duro, en tareas impecables, en estudio a fondo y de corazón Por que más tarde las tareas se harán trabajos de verdad, los exámenes, proyectos que ganar, las presentaciones, negociaciones que llevar a buen término.
Y los chicos, sabrán saludar a la bandera con mucho ímpetu, entonar solemnemente el himno, pero ¿ y qué hay del trabajo responsable, de la honestidad, de buscar siempre la excelencia en lo que haces, trabajando derecho, sin trampas, sin clientelismos ni paternalismos que hace falta en este país? Que hay, de aquello que alguna vez, los abuelos apreciadamente llamaban ¿“los buenos valores”?
¡Ah no! De esos, nada.
Mejor sigamos formando a los chavitos a que se tatemen la figura con el sol de las 10:30 de la mañana. Mejor sigamos repitiendo “si el Clarin con su bélico acento, nos convoca a luchar con valor”…Mejor sigamos manejando un discurso de héroes absurdos y gestas inverosímiles. Total, que al final, seguiremos creando esta colectividad mocha que no repara en gritar la noche del 15, ¡viva México cabrones!
A su siempre tan honrosa y apreciable consideración.
Saludos desde la noche casi-bicente… ok…no… nada.
Woaw! Interesante Cucharita. Por eso eres la dueña de este imperio. En hora buena. Un abrazo desde el Reino Architectiakno.
ResponderEliminarJuventudes hitlerianas, muy buena observación del estudiante de intercambio y como usted dice... no repara para más tanto ritual cívico.
ResponderEliminarSaludos desde Tierras Zapatistas. Lex
Yo que soy un gachupín que no conoce México más que por la Historia y por su fabulosa música, me ha encantado leer que en las escuelas siguen un ritual patriótico que siempre viene bien para la formación de los niños. Otra cosa es que falten otras enseñanzas para que la formación resulte completa. Desde mi blog (lahoradada.blogspot.com) me he ocupado alguna vez de asuntos mexicanos. Anselmo de la Portilla, antepasado mío, con sus escritos me introdujo en los temas mexicanos que, desde entonces, procuro seguir.
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